Aunque se usen muchas metáforas bélicas para referirse a la pandemia de la Covid-19, está claro que no estamos en medio de una guerra. Sin embargo, las consecuencias económicas serán muy difíciles de remontar. La aplicación del impuesto a las ganancias extraordinarias, cuyo surgimiento ocurrió en tiempos de guerra, puede ser una solución a implementar.
Además del aumento constante de muertos, el futuro presenta también otros inconvenientes como la caída generalizada del empleo y el aumento de la pobreza. Los expertos señalan que una situación excepcional requiere soluciones excepcionales.
Este impuesto propone que aquellas empresas que han logrado aumentar sus ganancias durante la pandemia, paguen más impuestos. Por ejemplo, las cadenas farmacéuticas y las firmas de tecnología son algunas de las compañías que han aumentado su rentabilidad desde la propagación del coronavirus.
Uno de los objetivos de este impuesto es evitar el enriquecimiento oportunista, así fue concebido en tiempos de guerra. En épocas donde la mayoría de la población está perdiendo dinero es inadmisible que algunas corporación se beneficien con la crisis ajena. El desafío es transformar el gigantesco costo económico de la pandemia en un esfuerzo compartido.
La historia del impuesto a las ganancias extraordinarias
Al repasar la historia de este impuesto de guerra, se observa que tuvo variantes según cada país y también excepciones. Algunos de los países que aplicaron el impuesto a las ganancias extraordinarias fueron: Italia, Francia, Reino Unido, Canadá, Nueva Zelanda, Australia, Sudáfrica y Estados Unidos.
A pesar de algunas diferencias, el objetivo era siempre el mismo: financiar los gastos del conflicto bélico. Y evitar que algunas empresas concentradas se beneficiaran económicamente mientras la población en su conjunto caía en ruina.
¿Qué se ha realizado hasta el momento?
Las decisiones de gobiernos y bancos centrales hasta ahora han estado enfocadas a:
- inyectar dinero para reactivar el consumo
- proveer de respiradores y camas
- ayudar a los más vulnerables: desempleados y empresas sin actividad económica
Un gran porcentaje del gasto fiscal se ha financiado con deuda. Y esto puede convertirse en una bomba de tiempo a medio plazo.
¿Qué sucederá cuando se acaben los subsidios de emergencia? ¿Cuando no existan nuevos puestos de trabajo? ¿Cómo se resolverá el problema de vivienda por imposibilidad de pagar alquileres o las hipotecas? ¿Cómo se abastecerán aquellos cuyas despensas están vacías y sus ingresos han mermado? Son algunas preguntas que surgen como consecuencia de la crisis actual. Y que aún no tienen respuesta.
Periodismo y redacción creativa. Estudié Cs. de la Comunicación en la Universidad de Buenos Aires.